¿Tus hijos usan manguitos o flotador para la playa o piscina? Pues este post te va a interesar.

El verano ha llegado definitivamente, así que el ir a la playa o a la piscina se convierten en la solución ideal para combatir el calor y tener a los niños entretenidos. Por ello, a todos los padres nos entra la prisa para que nuestros hijos aprendan a nadar mínimamente y los apuntamos rápidamente a cursillos intensivos de natación. Esto es positivo si el objetivo es que nuestros hijos hagan una actividad física que les ayude a canalizar su energía, les aumente el apetito (gran oportunidad para ofrecer alimentos saludables) y les haga descansar mejor. Pero, si el objetivo es que aprendan a nadar en poco tiempo, tal vez no sea lo más indicado.

Mario Cañizares de elite-nextlevel.com y experto en natación, nos responde a algunas preguntas, que nosotras como madres, nos hemos planteado.

¿Mario, qué opinas sobre apuntar a los niños a cursos intensivos de natación?

En primer lugar, conviene contextualizar, tal y como expresa a menudo mi compañero Carlos Calderón, que el medio en el que van a empezar a interactuar nuestros pequeños es un medio que nos resulta extraño y fuera de lo normal, y que en caso de pretender movernos en él, nuestras habilidades motrices para tal uso no son precisamente innatas y deberemos poco a poco ir adaptándonos.

Dicho esto, pienso que una de las obsesiones de muchos padres es la de apuntar a sus hijos, cuanto antes mejor, a clases de natación para que puedan desplazarse autónomamente, “no tengan un susto” en verano y puedan estar tranquilos. Personalmente considero que es un grave error de concepto y un (hipotético) desarrollo temprano de la locomoción dentro del agua que puede ir acompañado de numerosas carencias, como los aprendizajes que se dan en la fase de familiarización y en la de posición.

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¿Qué es eso de la fase de familiarización y posición?

Son fases enfocadas a favorecer un desarrollo progresivo y saludable del niño en el agua con respecto a sus capacidades. Va en relación a la edad y al desarrollo del bebé o nivel del niño en el medio.  Por ejemplo: no vamos a enseñar a un bebé de pocos meses a jugar al baloncesto. Sus conexiones cerebrales a medida que se desarrollan (cada niño a un ritmo diferente), van permitiendo que el pequeño gatee, camine, corra, bote una pelota y luego aprenda a jugar al baloncesto. Pues algo parecido sucede en el agua:

FASE DE FAMILIARIZACIÓN (Desde los 5 hasta los 36 meses aproximadamente):

El aspecto más importante a desarrollar con nuestros hijos más pequeños es el de la “natación familiar” o como se conoce comúnmente, la matro-natación, que no es más que conseguir que el bebé se familiarice con el medio acuático acumulando juegos, risas y buenas experiencias (un niño cómodo con el medio es un niño que va a experimentar en él).

Un buen uso de esta fase con nuestros hijos fomentará sus habilidades sociales, su desarrollo cerebral, coordinación, familiarización con el medio y seguridad (del bebé y del acompañante) en el agua.

 

FASE DE POSICIÓN (Y PROPULSIÓN):

Una vez alcanzado un nivel óptimo de familiarización con el medio, buscaríamos como uno de los objetivos principales el inicio a un desplazamiento horizontal del cuerpo en el agua. Estos desplazamientos, en etapas iniciales del niño no serán ni mucho menos “estilos de natación”, sino propulsiones horizontales boca arriba, boca abajo o buceando, de manera más o menos rudimentarias.

¿Qué materiales o sistemas de flotación recomiendas?

Depende de la fase en la que se encuentre el niño (esta fase va en función de la edad aunque también del nivel con el que el niño se desenvuelve en el medio acuático):

FASE DE FAMILIARIZACIÓN (Desde los 5 hasta los 36 meses aproximadamente):

En esta fase no somos especialmente defensores del uso de material “integrado” en el niño, sino que el material que proponemos usar es más de carácter sensorial y lúdico: juguetes que se hunden o flotan, pelotas de diferentes tamaños, aros, colchonetas, etc. El objetivo de estos materiales es captar la atención del niño y que se divierta, animándole con pequeñas zambullidas controladas, buceos cortos, cambios de posición, etc, siempre con maniobras asistidas por el adulto.

FASE DE POSICIÓN (Y PROPULSIÓN):

Y es en esta fase donde el material sí que nos puede ser de gran ayuda y tenemos algunos elementos interesantes. Flotadores y manguitos, además de poco seguros en realidad, dificultan la adquisición de posiciones horizontales. Las clásicas burbujas que se nos ataban a la cintura sí que por un lado facilitan (incluso demasiado…) esta posición, pero desde luego les supone un reto a veces insalvable a la hora de respirar al no poder sacar la cabeza con facilidad.

Como alternativas algo más modernas y óptimas a estos materiales clásicos podríamos tener los chalecos de corchos, chalecos inflables o manguitos de discos intercambiables. En todos los casos mencionados, existe la posibilidad de dotar de mayor o menor flotabilidad al dispositivo para determinar el grado de ayuda que necesita el niño y de esta manera ir graduando su dependencia.

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Otro elemento diferente pero en ocasiones interesante sería el churro, que el niño podrá ir alternando desde una posición más en el pecho a otra más en la cintura, que le haría ir en progresión de dificultad de cara a ser poco a poco más autónomo. En esta misma línea nos encontramos por ejemplo también bañadores con aumento de flotación integrado, muy interesantes en etapas en las que el niño está empezando a dar sus “primeras brazadas”.

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¿Qué materiales y sistemas de flotación NO recomendarías usar?

Antes de responder concretamente a la pregunta, me gustaría explicar que la principal diferencia palpable con que nos encontramos en el medio acuático, es la que denominaríamos coloquialmente como la posición de seguridad. Está claro que nuestra posición de seguridad fuera del agua es vertical y sobre nuestros pies, mientras que en el agua, concretamente esa es la posición más fácil para irnos directamente al fondo… Con esta simple reflexión, ya de antemano podemos empezar a dudar acerca de la idoneidad a largo plazo de materiales de piscina, como manguitos y flotadores.

Lo primero que me gustaría destacar, independientemente del objetivo del material a usar, es que absolutamente ningún material de piscina debe nunca sustituir la vigilancia atenta y exhaustiva de los adultos responsables de los niños que están dentro y alrededor de las piscinas. Manguitos o flotadores NO son ni mucho menos infalibles y dan sorpresas bastante a menudo, por lo que en caso de usarse, nunca deberíamos dejar sin vigilancia a nuestros niños, pues este material les puede ir grande y pueden “colarse” entre el flotador, se pueden deshinchar, se pueden voltear  (empujones, movimientos extraños, olas…) y quedarse boca abajo, etc.

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Lynzy & Co. // Modern Motherhood Blogger

Esperamos que os haya resultado útil y si ha sido así, nos encantará que nos dejes algún comentario.

Bss,

Susiko.